15 feb 2012

El poeta hace preguntas que la ciencia no responde

Ilustración de Jen Wang

Ilustración de Jen Wang

 Esta pasión que tenemos

por el proceso de investigación,

es un hecho que nadie puede cuestionar,

pero yo la disfrutaría más

si supiera con mayor claridad

para qué queremos el conocimiento,

y si tuviera la seguridad de que la mente

todavía es libre para saber si quiere saber.

 Me gusta la poesía de Auden porque es rara, porque no rima, porque me parece completamente sincera, como si cualquiera pensara en cosas cotidianas y fuera capaz de transmitir todo aquello que le pasa por la cabeza en forma de poema. Este fragmento, concretamente, pertenece al poema Después de leer un manual de física moderna para niños donde la comicidad, la divulgación y la reflexión se dan la mano. Leed esto y decidme si no es genial:

 El matrimonio casi nunca es una maravilla,

pero seguro que debe ser mucho peor

correr como las partículas

a miles de millas por segundo

por un universo

en donde el beso de tu amante

o bien no se notaría

o bien te rompería el cuello.

 Pero si os hablo de Auden es por las preguntas que se hace en este poema. ¿Para qué queremos el conocimiento? ¿Es nuestra mente libre para saber si quiere saber? El físico Richard Feynman le contestó a Auden que el conocimiento lo queremos para poder amar más la naturaleza, que todos querríamos dar vueltas a una flor en la mano para verla desde otras perspectivas. Aún así yo siempre me cuestiono lo mismo que el poeta delante de un nuevo avance científico, sobretodo en medicina, motivo por el cual me gusta tanto la bioética.  

 Y mira por donde, hace un tiempo llegó a mis manos, a través del pediatra de mi niño, una encuesta para un estudio bioético sobre el Screening Metabólico Ampliado, es decir, y para que nos entendamos, la prueba del talón. Lo que sois padres lo sabréis, y los que no os sonará, que a todos lo bebés recién nacidos les analizan la sangre para detectarles hipotiroidismo congénito y fenilcetonuria. Son enfermedades asintomáticas en los niños pequeños que con un tratamiento precoz mejoran su evolución, que puede llegar al retraso mental. Este es uno de los criterios que sigue la OMS para recomendar las pruebas a nivel mundial, pero también que el test es fiable y accesible, entre otros.

 Con todo, la evolución tecnológica ha querido que con la misma extracción hoy en días se puedan detectar más enfermedades, pero la ampliación de estas pruebas no se ha extendido y solo se hace en algunos países, y en el nuestro sólo en algunas comunidades autónomas. ¿Por qué no hay consenso? Porque dependiendo de la enfermedad el coste de la prueba no es accesible a todos, o hay portadores sanos, o no hay tratamiento, o incluso se puede llegar a un aislamiento social. Y por eso la encuesta que me hicieron, con cuestiones que me apetece trasladaros aquí:  

 ¿Se debe ampliar la prueba a todas las enfermedades aunque en la actualidad no tengan un tratamiento efectivo? Traducción: ¿Quiero saber que mi hijo está enfermo aún sabiendo también que no lo podré tratar?

 ¿Debe ser obligatorio? Traducción: ¿Puede sanidad exigirme tener esta información de mi hijo aunque me niegue? ¿Estamos obligados a esta prueba por formar parte de un sistema sanitario concreto?

 Delante de un resultado positivo, ¿se debe informar a los familiares consanguíneos? ¿Quién lo debe hacer? Traducción: tengas o no relación con tu familia, ¿tienen derecho a conocer esta información privada porque les afecta directamente?

 ¿Por qué piensas que la prueba se ha ampliado en lugares como Estados Unidos o Alemania? ¿Por un interés médico, político o comercial? Traducción: ¿Qué piensas en realidad de los avances en medicina? ¿A quién benefician finalmente?

 Hace unos años, en un bar de la ciencia, le pregunté a uno de los invitados, un cardiólogo, qué pensaba de la nanotecnología cuando algunos le auguraban la posible creación de nanodispositivos  para detectar automáticamente la cantidad de células cancerígenas que teníamos en el cuerpo en un momento determinado. Si estos aparatos se ponen al alcance de todo el mundo en una farmacia, como la máquina de la tensión, reflexionaba yo, ¿cómo vamos a gestionar la paranoia colectiva que esto puede crear? No me contestó porque según él el conocimiento en materia de salud siempre es positivo, siempre es necesario. ¿Lo es? Imagino que si. Pero, ¿no debe ir también acompañado de un trabajo para adaptarlo a la sociedad? ¿No sufrimos ya un exceso de hipocondría por la cantidad de información que obtenemos de Internet y nadie gestiona? Y como en el verso de Auden, ya sabemos pero, ¿estamos seguros de que queremos saber?

++

Versió en valencià

 Nota: il·lustració de Jen Wang

 Esta pasión que tenemos

por el proceso de investigación,

es un hecho que nadie puede cuestionar,

pero yo la disfrutaría más

si supiera con mayor claridad

para qué queremos el conocimiento,

y si tuviera la seguridad de que la mente

todavía es libre para saber si quiere saber.

 M’agrada la poesia d’Auden perquè és rara, perquè no rima, perquè em sembla completament sincera, com si qualsevol pensara en coses quotidianes i fos capaç de transmetre tot allò que li passa pel cap en forma de poema. Aquest fragment, concretament, pertany al poema Después de leer un manual de física moderna para niños on la comicitat, la divulgació i la reflexió es donenla mà. Llegiu açò i dieu-me si no és genial:

 El matrimonio casi nunca es una maravilla,

pero seguro que debe ser mucho peor

correr como las partículas

a miles de millas por segundo

por un universo

en donde el beso de tu amante

o bien no se notaría

o bien te rompería el cuello.

 Però si vos parle d’Auden és per les preguntes que es fa en aquest poema. Per a què volem el coneixement? És la ment lliure per saber si vol saber? El físic Richard Feynman li contestà a Auden que el coneixement el volem per poder estimar més la natura, que tothom voldria donar voltes a una flor a la mà per a veure-la des d’altres perspectives. Tot i això jo sempre em qüestione el mateix que el poeta davant un nou avanç científic, sobretot en medicina, motiu pel qual m’agrada tant la bioètica.

 I ves per on que fa un temps aplegà a les meues mans, a través del pediatra del meu nen, una enquesta per a un estudi bioètic sobre el Screening Metabólico Ampliado, és a dir, i per a que ens entenem, la prova del taló. Els que sou pares ho sabeu, i els que no vos sonarà, que a tots els nadons acabats de nàixer els analitzen la sang per detectar-los hipotiroïdisme congènit i fenilcetonúria. Són malalties asimptomàtiques als nens menuts que amb un tractament precoç milloren la seua evolució, que pot aplegar al retard mental. Aquest és un dels criteris que segueix la OMS per recomanar les proves a nivell mundial, però també que el test és fiable i accessible, entre altres.

 Amb tot, l’evolució tecnològica ha volgut que amb la mateixa extracció avui dia es puguen detectar més malalties, però l’ampliació d’aquestes proves no s’ha estès i només es fa a alguns països, i al nostre només a algunes comunitats autònomes. Perquè no hi ha consens? Perquè depenent de la malaltia el cost de la prova no és accessible a tots, o hi ha portadors sans, o no hi ha tractament, o fins i tot pot portar a un aïllament social. I per això l’enquesta que em feren, amb qüestions interessants que em ve de gust traslladar ací:

 Es deu ampliar la prova a totes les malalties tot i que no tinguen a la actualitat un tractament efectiu? Traducció: vull saber si el meu nen està malalt tot i saber també que no el podré tractar?

 Deu ser obligatori? Traducció: pot sanitat exigir-me tenir aquesta informació del meu fill encara queem negue? Estemobligats a aquesta prova per formar part d’un sistema sanitari concret?

 Davant un resultat positiu, es deu informar als familiars consanguinis? Qui ho ha de fer? Traducció: tingues o no relació amb la teua família tenen dret a conèixer aquesta informació privada per afectar-los directament?

 Perquè penses que la prova s’ha ampliat a llocs com els Estats Units o Alemanya? Per un interès mèdic, polític o comercial? Traducció: què en penses en realitat dels avanços en medicina? A qui beneficien finalment?

 Fa uns anys, en un bar de la ciència li vaig preguntar a un dels convidats, un cardiòleg, què en pensava de la nanotecnologia quan alguns li auguraven la possible creació de nanodispositius que detectaren automàticament la quantitat de cèl·lules cancerígenes que teníem al cos en un moment determinat. Si aquestos aparells es posen a l’abast de tothom a una farmàcia, com ara la maquineta de la tensió, reflexionava jo, com anem a gestionar la paranoia col·lectiva que açò pot crear? No em contestà perquè segons ell el coneixement en matèria de salut sempre és positiu, sempre és necessari. Ho és? Imagine que si. Però no ha d’anar també acompanyat d’un treball per adaptar-lo a la societat? No patim ja un excés d’hipocondria per la quantitat d’informació que obtenim d’Internet i que no gestiona ningú? I com al vers d’Auden, ja sabem però, estem segurs de que volem saber?

 

8 feb 2012

¡Cómo es posible que la gente se crea esas cosas!

El otro día, una amiga pirata me reenvió un correo electrónico que está circulando a través de Internet, avisando de lo peligrosos que pueden llegar a ser los aparentemente inofensivos imanes que solemos tener en las puertas de las neveras. Porque, ¿quién de nosotros no tenemos puesto más de uno? En el mensaje se llega incluso a calificarlos de “letales”, según dice, probado mediante rigurosos experimentos realizados en ratones por investigadores de la Universidad de Princeton. ¡Ahí es nada!

No voy a reproducir el mensaje aquí porque es un poco largo, pero con escribir en cualquier buscador de Internet las palabras “imanes”, “nevera”, cáncer” ya salen varias páginas al respecto, por si no se quiere añadir las más largas “radiaciones electromagnéticas”. En síntesis, el mensaje nos avisa de que los imanes contaminan los alimentos que hay en el interior de las neveras, tornándolos cancerígenos. Ello se debe a las radiaciones electromagnéticas que emiten. Resultado: sin nosotros saberlo, los imanes de las neveras pueden resultar mortíferos.

¡Vaya con los imanes; los entrañables imanes, tan mágicos para los niños! A mí, de niño, sus poderes de atracción y de repulsión me cautivaban. Creo que aún surten ese efecto. Y qué decir de los de las neveras, lúdicamente inútiles para los adultos, pero a los que los niños los sacan un partido tremendo. Mi sobrina se entretiene jugando con ellos en ese espacio infinito de posibilidades que es la puerta de una nevera, colocándolos en mil ordenes distintos, quedando al final formando una meticulosa hilera, y dejando testimonio de la presencia reciente de un niño en la cocina. Por otro lado, hemos de reconocer que, aunque inútiles, son un obsequio fácil y económico para regalar a familiares y amigos después de un viaje. Y es que, además, son un recuerdo decorativo que ocupa poco espacio, personaliza nuestra nevera y la integra en mundo en el que vivimos, haciéndola una nevera globalizada.

El correo de los imanes ya me había llegado hacía algún tiempo y navegué por Internet a ver qué se decía sobre él. En pocas palabras: es falso. De todos modos el análisis de estos “micro-mitos” de la sociedad contemporánea me muy parece suculento, y lo dejo para otra entrada de este blog, si se tercia.

La falsedad de informaciones de ese estilo suele ser fácil de detectar por varias cosas. En este caso habla de la Universidad de Almería en Cuenca y de un profesor de ésta que no aparece en ningún directorio universitario, que es quien reenvía el correo. También se pueden detectar por el lenguaje que emplean. Como dicen algunos internautas que comentan la información, aquí nadie usa palabras como “heladera” o “freezer” para referirse a la nevera o el congelador, que eran términos que aparecían en versiones anteriores. Lo curioso es que hay quien ha notado que algunos términos les repateaban y lo ha adaptado, en sucesivos reenvíos. Esa es otra forma de detectar el engaño. Y también está el hecho de que, si los buscamos, no encontraremos ningún equipo de investigadores de Princeton que haya publicado algo sobre el tema. A mí me resulta más fácil detectarlas por cosas como éstas que por saber que los imanes no emiten radiaciones electromagnéticas. ¿O sí lo hacen? Disculpen mi incultura científica.

Lo letal, dirán muchos, es la ignorancia; si existiera más cultura científica entre la población nivel cultural medio determinar si el contenido científico de muchas de estas informaciones que ocasionalmente nos llegan es cierto o no. Además, está el hecho de que los científicos y tecnólogos de vez en cuando nos sorprenden con hallazgos y descubrimientos realmente increíbles. ¿Qué nos creemos y qué no? Por ejemplo, y ya que hablamos de frigoríficos, ¿nos creemos o no que el agua caliente se congela más rápidamente que la fría cuando las metemos en dos recipientes iguales en el congelador? O, cuando se nos rompe una bombilla de bajo consumo, ¿seguimos o no el protocolo ritual de seguridad que nos aconsejan poner en práctica algunos de estos mensajes? ¿Se resuelve todo sólo con más cultura científica?

Imagen: criandocuervos

Un científico mirando al mar

 

 

Mediterráneo. Desde que este verano estuve por Cabo de Gata, leyendo mientras tomaba el sol en la Playa de los Muertos, llevo dentro de mi cabeza un runruneo continuo sobre lo que significa ser Mediterráneo. Un pensamiento que no termina por cuajar, como si fuesen esas olas del mar que vienen y se van, pero, perezosamente, no acaban por llegar. ¿Los mediterráneos nos definimos más por ser pasionales, viscerales y sensuales?, ¿o por el contrario somos más racionales, equilibrados, metódicos y trabajadores?. La respuesta obvia y conocida sería decir que somos más como los primeros, un vendaval de sensaciones sin estribos que nos aten. Pero ningún tópico describe la realidad. 

Los Piratas de la Ciencia tenemos una relación, casi podríamos decir que profesional, con este mar. En la red Yasmin (Your Arts and Science Mediterranean International Network) colaboramos como moderadores de esta red por la difusión y la relación entre arte y ciencia en el contexto de la cuenca Mediterránea. Cuenca, como un cuenco que contiene ese caldo histórico, que ¿actúa como enlace o como muro entre culturas?. Desde el año pasado el barco R.H. Heráclitus está realizando un viaje de cuatro años por distintos lugares del litoral mediterráneo, visitando sus cuatro costados con la intención de entrevistar a los hombres y las mujeres de este mar. Un proyecto que pretende recordar la historia que los pescadores han depositado en la memoria colectiva. La memoria de los que somos Mediterráneos. Los Piratas les servimos como apoyo en su visita a Valencia, y ahora seguimos su navegación a través de Internet, publicando algunas de sus noticias y anécdotas en el blog de los amigos de su expedición. Su viaje ha tocado las costas de España y Francia, pero piensan recorrer países como Italia, Grecia, Egipto, Túnez o Turquía. Países de la vieja Europa, y de las más viejas aun África y Asia. El mediterráneo como lugar primigenio de Oriente y Occidente. ¿Un charco para mezclar y contagiarnos?, ¿o agua para intercambiar?. Una vía líquida que adviene a la odisea del comercio, pero también la tragedia de la ruleta de patera. 

Hoy en día el Mediterráneo también está significando alzamientos de nuevas democracias, y a su vez centro de motivación popular para las ancianas libertades europeas. Parece que siempre ha sido un lugar de oportunidades, al pensarlo y al disfrutarlo. ¿Y la ciencia?, ¿existe la ciencia Mediterránea?. Quiero decir ¿Qué capacidad de gestión y liderazgo podría tener la política científica en el contexto mediterráneo?. ¿Qué nuevas oportunidades en el seno de la gestión y la organización científica podrían desarrollarse bajo este nexo?. Este parece un momento en el que Europa resulta necesaria, pero suena lenta, como el andar de una mente roída por el miedo, o quizá una mente simplemente dotada de razón y muy poca sensualidad. La ciencia, tal cual hoy la conocemos, parece que sea hija directa de la Ilustración y de la revolución industrial, pero ¿qué hay de esa ciencia cultivada al sol de mediodía, palpitando con el sonido de las chicharras, guiada por los consejos en los foros y las academias clásicas helénicas?. ¿Por qué no pensar que este Mediterráneo, origen de nuestra palabra y pensamiento, puede crear y construir a su manera?. Indudablemente, el “cómo” es el reto. Puede que situar la mirada hacia el mar, y no tanto hacia el norte, sea un comienzo.

25 ene 2012

¿Nos sobra ADN?

DNA basura

A todos los que estudiamos genética hace algunos años, nos enseñaron que la mayor parte del ADN de muchos organismos no tiene ninguna función conocida. De hecho, el nombre de  ”ADN basura” (“junk DNA” en inglés) con el que lo denominaron algunos grandes científicos, entre ellos el mismísimo Francis Crick, es totalmente descriptivo de lo que se esperaba de él. Incluso se pensaba que ni siquiera se expresaba en las células. Esta explicación chocó de frente con lo que yo siempre había pensado: “los seres vivos son máquinas con engranajes casi perfectos y optimizados durante miles de años”. ¿Cómo iba a dejar un organismo que la inmensa mayoría de la información que le caracteriza no sirviera para nada?

Gracias a las investigaciones llevadas a cabo en los últimos años sobre estas regiones, ahora sabemos que no es así. En los últimos años se está sustituyendo el nombre de “ADN basura” por el de “ADN no codificante“.  El término “no codificante” significa que no van a dar lugar a proteínas. Podemos encontrar gran variedad de unidades reguladoras, como los microARNs, que son moléculas de ARN con una importancia crucial en la regulación de muchos procesos, copias de  genes que han perdido su función, llamados pseudogenes, o zonas repetitivas en tándem. En definitiva, multitud de elementos reguladores y elementos cuyas funciones son completamente desconocidas y que regulan las zonas consideradas clásicamente como “importantes”.

Si nos centramos en el genoma humano, entre el 98.5 y el 98% es ADN no codificante. Es decir, la inmensa mayoría de nuestro genoma no se traduce a proteína y no sabemos asignarle ninguna función conocida. Con la secuenciación del genoma humano a principios de siglo, pensábamos que entraríamos en la fase de la proteómica, era el momento de definir todas las proteínas y conocer su función. En parte sí fue así, pero el problema se complicó con estos nuevos elementos. El horizonte de la regulación de la expresión genética se alejó y era como si hubiéramos vuelto a empezar el camino de su entendimiento.

En definitiva, cuanto más sabemos acerca de cómo está estructurada la información genética, más preguntas brotan sobre su estructura y más se complica entender cómo se comporta tanto a nivel funcional como estructural. Aunque se están haciendo muchos esfuerzos por entender estas regiones (como ejemplo, el número de artículos relacionados con los microRNAs: 14.613), aun estamos lejos de conocer todos los procesos en los que están implicados. Quedan muchas incógnitas por resolver. ¿Qué tendrá más importancia, los elementos funcionales o sus reguladores? ¿Cuántos de ellos regularán el mismo proceso? ¿Cuántos nuevos elementos reguladores aparecerán? ¿Habrá un cambio sustancial en cómo entendemos el genoma y su función?

Fuente de la imagen aquí.

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Versió en valencià

¿Ens sobra ADN?

A tots els que estudiàrem genètica fa alguns anys, ens ensenyaren que la major part de l’ADN de molts organismes no té cap funció coneguda. De fet, el nom “ADN escombraire” (“junk DNA” en anglès) amb el que denominaren alguns grans científics, entre ells el mateix Francis Crick, és totalment descriptiu del que s’espera d’ell. Inclús es pensava que ni tan sols s’expressava en les cèl·lules. Esta explicació va xocar de front amb el que jo havia pensat sempre: “els éssers vius són màquines amb engranatges quasi perfectes i optimitzats durant milers d’anys”. Cóm anava a deixar un organisme que la immensa majoria de la informació que el caracteritza no servira per res?

Gràcies a les investigacions dutes a terme en els últims anys sobre estes regions, ara sabem que no és així. En els últims anys s’està substituint el nom “d’ADN escombraire” pel de “ADN no codificant“. El terme “no codificant” significa que no van a donar lloc a proteïnes. Podem trobar una gran varietat d’unitats reguladores, com els microARNs, que són molècules d’ARN amb una importància crucial en la regulació de molts processos, còpies de gens que han perdut la seua funció, anomenats pseudogens, o zones repetitives en tàndem. En definitiva, multitud d’elements reguladors i elements les funcions dels quals són completament desconegudes i que regulen les zones considerades clàssicament com “importants”.

Si ens centrem en el genoma humà, entre el 98.5 i el 98% és ADN no codificant. És a dir, la immensa majoria del nostre genoma no es tradueix a proteïna i no sabem assignar-li cap funció coneguda. Amb la seqüenciació del genoma humà a principis de segle, pesàvem que entraríem en la fase de la proteòmica, era el moment de definir totes les proteïnes i conèixer la seua funció. En part si fou així, però el problema es va complicar amb estos nous elements. L’horitzó de la regulació de l’expressió genètica s’allunyà i era com si haguérem tornat a començar el camí del seu enteniment.

En definitiva, quant més sabem sobre cóm està estructurada la informació genètica, més preguntes brollen sobre la seua estructura i més es complica entendre cóm es comporta tant a nivell funcional com estructural. Encara que s’estan fent molts esforços per entendre estes regions (com exemple, el nombre d’articles relacionats amb els microRNAs: 14.613), encara estem lluny de conèixer tots els processos en els que estan implicats. Queden moltes incògnites per resoldre. Què tindrà més importància, els elements funcionals o els seus reguladors? Quants d’ells regularan el mateix procés? Quants nous elements reguladors apareixeran? Hi haurà un canvi substancial en cóm entenem el genoma i la seua funció?

Pedes in terra ad sidera visus…


Empezar este post contándoos cómo de crítico me resulta el enfrentamiento ante la página en blanco en estos tiempos tan integralmente y formalmente médicos de mi vida sería tan tópico como utilizar “erase una vez”. Este texto va de medicina y de arte, de la relación entre medicina y arte, pero utiliza la literatura y su análisis como medio conductor así que…

Erase una vez… la medicina.


El arte plástico:
La Facultad de Medicina de Valencia tiene innumerables características positivas y negativas, en lo académico y en lo arquitectónico, que podrían ser comentadas.

Hay concretamente una que es académica y arquitectónica a la vez. En esta facultad con algún que otro año de historia, presidiendo desde la mismísima cubierta superior el hall de entrada al edificio, se encuentra una vidriera de dimensiones gigantes en la que muchos estudiantes no llegan a reparar después de varios años de carrera.
Es una vidriera, antes policromática, ahora transformada en pieza arquitectonica contemoránea mono-cromo, que requirió cierto buen gusto, conjunción de colores y formas, estructura y un artista para su realización (nanoconexiones-nanovidrieras).

 

El trasfondo histórico y la importancia de la palabra, el idioma y la meta-información:
Sin embargo, tras el resplandor inicial, lo que  queda grabado en la memoria son las palabras que contiene…

Con una base ideológica profundamente academicista, tradicionalista y probablemente algo snob, en medicina “se gasta” el latín con cierta frecuencia.  Aparte de estos tópicos de connotación más o menos discutible, dejando a un lado la aparente hibernación de tan preciada lengua, el latín en determinados ámbitos médicos tiene un papel práctico irrefutable.
En nómina anatómica (el nombre de todas y cada una de nuestras porciones estructurales descritas mediante la observación macroscópica de seres humanos) el latín es el lenguaje internacional.
Más allá de servir como herramienta de comunicación entre profesionales y aficionados de distintos ámbitos lingüísticos, la “nómina” acude (es) al origen etimológico de los términos utilizados en el lenguaje corriente y, por norma general,  sus denominaciones hacen referencia de forma más concisa y eficaz a la forma o función de cada una de las partes del cuerpo del animal conocido como “humano”.  Así un musculo que separa se llama separador (adductor) o uno con dos cuerpos se llama bíceps.
Esto facilita su aprendizaje pero también integra conceptos más allá del sustantivo que van añadiéndose a una memoria fragmentada en la que, a largo plazo, son precisamente esos flecos característicos los que permiten una integración de conocimientos y una extracción de “clusters de datos” útiles para la formación y práctica médica.
Este ejemplo es idénticamente extrapolable a la microbiología y farmacología con su taxonomía (del griego taxis: ordenación) y farmacopea.
Es verdad que se puede argumentar que, en muchos casos, a poco que se preste atención a las raíces del léxico utilizado, el estudio de la etimología del vocabulario científico en las lenguas contemporáneas de origen greco-romano  (las de otras raíces culturales suelen partir de nuestra fonética aunque no alcancen a transmitir con la misma facilidad la meta-información subyacente por parte de sus parlantes) puede cumplir la misma función.

 


Breves palabras que resumen infinitas reflexiones, el axioma:
Una versión más avanzada y compleja de éstas  ¿“léxico-grafías” ?, estas palabras que contienen auténticas imágenes, son unas cuantas “oraciones” centenarias que hemos heredado.

Cómo reminiscencias supervivientes del viejo “argumento de autoridad” pre-renacentista, un axioma es una premisa que, por considerarse evidente, se acepta sin demostración. Su importancia o “veracidad” viene refrendada porque, más allá de su propia definición, han sobrevivido con absoluta integridad al escrutinio científico a lo largo de los siglos.
En latín, con sus declinaciones y austeridad, estos mantras resultan todavía más contundentes. Mi favorito, el que más evoco durante la práctica médica cotidiana antes de tomar decisiones es: “primum non nocere” (lo primero no dañar).
Quizás parece contradictorio este recordatorio, no dañar, precisamente a médicos, miembros de un colectivo que tiene “el sanar” como objetivo oficial prioritario sino único. El ejemplo ilustrativo es el de un cirujano que debe sopesar muy bien las consecuencias antes de realizar una incisión sobre un cuerpo humano.  Sin embargo, la consecución exitosa y permanente del “non nocere” como práctica activa, requiere, además de una vigilancia permanente, una buena dosis de habilidad y aprendizaje, y ni tan siquiera de este modo existe garantía de obtener los mejores resultados.

 

¿De que iba esto?… un análisis estructural.

Volvamos a la vidriera que corona los paseos de los médicos neófitos en el corazón de su hogar académico. En este caso se trata de una simple sentencia referida a la medicina pero  se podría aplicar a otros muchos campos del conocimiento y, sin duda alguna, a cualquiera de las “artes” oficialmente aceptadas como tales.

Su principal misión, aunque no único mensaje, es situar al “yatré” en el verdadero hogar de su práctica sanitaria: su efímera existencia.

 

Original de Hipócrates, citada por Séneca en su “De Brevitate Vitae” como máxima de los médicos.

 

  • “Ars longa, vita brevis”. Ese es el mensaje principal que llega desde lo remoto de los tiempos a los médicos del siglo XXI, el de tipografía más grande, el subrayado con talla y color, el único que el sol saluda y amplifica con sus emisiones lumínicas cada mañana en el techo de la facultad.

“Ars longa”: La palabra medicina es eliminada sin consideraciones en favor del término arte, así la concreta y deductiva ciencia médica se transforma en caótico, aleatorio e intuitivo arte.

“Coma”: relaciona ambos elementos. De forma silenciosa, dejando espacio a la libre interpretación (¿une y/o separa?). La pausa parece señalar la enormidad, la infinitud y eternidad de la medicina con respecto a la minúscula anécdota que es la vida propia.

“Vita brevis”:  Subrayada con su aislamiento tras la pausa, la finitud de la vida vuelve a ser citada. Se le indica así al futuro sanador el escaso tiempo con el que cuenta para dominar su arte y, casi contradictoriamente, la importancia de la vida, también la suya, en relación de igualdad con la inabarcable “longa artis”.

 


Arte y ciencia, ciencia o arte. Medicina.
Esta sintética conjunción de sustantivos y adjetivos, en su contexto arquitectónico, no deja lugar a la duda respecto a lo remoto de la relación entre ciencia y arte.

Sin entrar en lo teatral del acto médico, con sus roles y guiones predeterminados y repetidos sistemáticamente, o la variabilidad de la interpretación interpersonal de sus bases teóricas y correcta ejecución que hacen in-mensurable la calidad de la atención o tantos otros argumentos, nos podemos plantear las siguientes dudas:
¿Qué es la medicina?, ¿una ciencia que se ejecuta artísticamente? , ¿un arte basado en la ciencia?, ¿o se trata más bien de la ciencia del arte?
¿Es “medicina” la representación académica de la comunión de los extremos (supuestamente) opuestos de percepción e interpretación de la realidad, del conocimiento? ¿una aberración, por tanto, únicamente autorizada ante la superioridad del único fin mayor que el saber organizado, un objetivo in-deleble compartido por todas las especies: aumentar la propia supervivencia, en su extensión y, más recientemente, en su calidad?

 

SALUD!!!!!OS

JC.

 

 

 

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